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Resulta que en la música popular, pero hecha por la misma gente (como la champeta), hay otro ritmo que siempre me ha atraído morbosamente y que tiene un origen parecido: el funk carioca. Lo que me atrae profundamente de la champeta o del funk carioca o de la salsa choke es lo punk: do it yourself.

En el caso del funk carioca, son unos DJs de favela que, algunos, viajan a Miami y se enamoran de un tipo de house con hip-hop y lo tratan de imitar en Rio de Janeiro. Pero no son DJs de élite, sino gente de barriada, como tu o como yo. Miami Bass se llama el ritmo y comienzan a montarla ellos mismos, a moldearla y a combinar eso con líricas y baile, siempre, el baile.

Se parece a la champeta en lo vulgar, lo obsceno y lo simple. Y hay una canción particular que me gusta mucho y que, incluso, poníamos en el bar con buenos resultados.

Querido público, de Malha Funk, la canción Vira de ladinho.



La primera vez que estuve en San Andrés, una isla colombiana en medio del Caribe, escuché un ritmo llamado “Terapia”. En un hotel, con vista al mar, con un destornillador en la mano (me refiero al coctel), se presentaba un grupo de música terapia. La Terapia, es un ritmo muy básico, hijo de la soka y el calipso jamaiquino. A mi siempre me había parecido algo muy tonto y repetitivo, pero en medio de la playa, el calor, la gente bailando, los músicos, etc, pues suena muy bien. Esa terapia aterriza en la costa colombiana, junto con el raggamuffin (o dancehall) de Jamaica y otras vertientes totalmente africanas provenientes de un antiguo palenque (los sitios donde se escondían los negros cimarrones o esclavos que se escapaban de sus amos) oculto por varias montañas en el departamento de Bolivar: San Basilio de Palenque.

San Basilio es un bastión de la africanidad, porque estuvieron aislados 100 años del resto del país, ocultos, manteniendo sus raíces. Esa fuente alimenta a las negritudes de Cartagena, y allí nace la Champeta, que es un ritmo aún más básico, hecho para acompañar a los picós (una abreviación de pick-up, es decir, una camioneta de platón) que son superparlantes que se transportan en esas camionetas y recorren los pueblos llevando música y rumba, al estilo de los SoundSystem jamaiquinos.Y al estilo de los jamaiquinos y el Dub, la champeta es una creación local, primitiva, de DJs y MCs. Por supuesto, al ser de origen tan popular, en una ciudad tan elitista como Cartagena, todo lo que tenga que ver con champeta es vulgar, obsceno, inferior. “Champetudo" era un adjetivo de desprecio en los 80s y 90s (aún hoy lo es).

Cuando ese ritmo llega a Bogotá, también es calificado de obsceno y vulgar, pero, con la revitalización de lo popular en los 2000’s se vuelve muy comercial. Este es el mejor ejemplo. No me hagas dar más explicaciones sobre el título para no avergonzarme.

Vuelvo al tema: para un hombre, la pérdida es la desviación de la naturaleza, por decirlo de alguna manera. A nosotros nos criaron convencidos de que podemos imponer nuestra voluntad sobre cualquier cosa, que alguien querido se muera, por ejemplo, es impensable, porque nuestro poder debe superarlo todo, inclusive la muerte.

Y cuando sucede y no tiene reversa, te destroza. Las mujeres fluyen un poco más. Son un poco más conscientes de que vivimos en ciclos, que la vida es una constante sobreposición de bucles, y que todo termina alguna vez. Están un poco mejor preparadas.

Finalizando este programa de Radio culposo, la contraparte femenina. Está en la misma onda, lamentándose de la pérdida pero recogiendo los pedazos. A pesar de que no me gusta Bebé, esta canción (como buen placer culposo) me parece perfecta. Siempre me quedará.


Visto como va el día, algo para levantar el ánimo. A mi esta canción nunca me falla, es impresionante, y la prefiero mil veces a la tan famosa de la escena del paraguas.

El mayor placer sería poder echarse a bailar en medio de la oficina, pero no va a ser (al menos esta vez). Es lo que tiene el musical, que te hacer pensar que, por un momento, muchas cosas serían posibles.


Volvamos a las pérdidas. Este placer culposo no solo se manifiesta en grupos que admiro como a The Cure, sino en casi cualquier cosa. Hay un vallenato clásico, de un autor con poco éxitos, llamado Juancho Polo Valencia, que, en parte, explica un poco la forma de ver la muerte desde el sentimiento caribe. La canción trata de una novia del autor, Alicia, que se murió. Y él la recuerda.Tampoco tiene video oficial, y te paso la versión de Carlos Vives que es más fácil de oir. La cosa es: se le murió la novia adorada, pero el tipo compone un vallenato para que todos bailen. Y le dice a Alicia: “yo te recuerdo en todas mis parrandas”. El dolor se baila acá, ¿sabes? Todo se baila. Lloras, pero bailas.

Hola,
el placer culposo de hoy sale de una n una noche de verano muy caldeada (por motivos meteorológicos y gastronómicos) en una de estas reuniones de amigo, alguien se acercó al ordenador donde youtube nos mecía con su música y puso "esto". La canción es mala, el grupo es de quiceañeras, la letra es infame (e incluso diría que machista) y el cantante no sabe vocalizar. Pero toooooodo el mundo acabó coreando la cosa, porque, en realidad es para lo único que sirve esta canción, para ser coreada en momentos tales.

Además aparece en la banda sonora de una película para adolescentes (puaj) basada en una novela de Federico Moccia (puaj puaj). Es ese tipo de pelis que dan una noche mala en televisión, cuando no hay nada en ningún canal y que todo el mundo acaba viendo. lo descubres al día siguiente cuando en el metro o la oficina todo el mundo habla de ella, para criticar. Algo como lo tuyo con Los 4 fantásticos.

Pues bien, con todos ustedes, la canción que seguro pediría con bastantes cervezas de más para desgañitarme a gusto, en su versión videoclip presuntuoso... La tormenta de arena, de Dorian.



Recuerda que hay una subtrama en este relato: la forma en la que los hombres y las mujeres lidian, de manera distinta, con las pérdidas. Pero, a esa subtrama, se le cruza otra: la diferencia entre lo caribe y lo andino, que es un tema de fondo en Colombia, tal vez, el único país con esa dicotomía. Centro américa, Venezuela y las islas son 100% caribes; Perú, Chile, Argentina, Bolivia, Ecuador, 100% andinos; Colombia, 50% y 50%.

Bien, en el Caribe, las penas se bailan; en los andes, se beben. Hay algunos valses peruanos o ecuatorianos muy cargados de eso y un gran exponente de esa música que combina boleros, tangos y valses, y, en general, música para tomar trago es el ecuatoriano Julio Jaramillo. Es música de taberna, con rocola, donde vas a pasar tus penas ahogada en aguardiente. La carrera de Jaramillo se hizo, principalmente, en Colombia. Este es, tal vez, uno de sus mayores éxitos:  Ódiame.



Yo te replico con una tusa que se supone femenina pero que, escrita por un tipo, tiene mucho de sumisión más que de aceptación. Y contiene todo el desgarro de la copla. "Y sin embargo te quiero...". Aquí una tipa que tiene un niño ilegítimo pero que sigue queriendo al tipo, que la ningunea y la engaña... Muchas son desgarradoras: "que se me paren los pulsos si te dejo de queré".

La copla era la música popular en la España de los años 30, cuando llegó el franquismo, se apropió de ella. La autarquía del país en los 40 también era musical, y no entraba nada, así que la música del régimen era la copla. Y pasó a relacionarse directamente con el sur, con Andalucía, pero la verdad era que se trataba de la música popular que se cantaba en todas partes, por ejemplo en el Centro. La ecuación dictadura=copla hizo que las generaciones progresistas de las décadas siguientes se alejaran de ella, fuera viejuna, rancia, machista y paleta. Solo ha sido recuperada (e intelectualizada) desde la década de los 80 con un tipo que se llamaba Carlos Cano (queda para otro día su historia).
La censura también llegó a la copla. Por ejemplo, en Tatuaje, se decía "apoyá en el quicio de la mancebía" es decir, del prostíbulo, así que la cambiaron por "de tu casa un día".

Aquí la única versión que veo en youtube, la de Conchita Piquer, hija de la más mítica de las coplistas clásicas.

Resulta que nuestro héroe no solo era un total incapaz al momento de mover sus caderas o piernas al ritmo de Wilfrido Vargas, sino que, además, es hijo de un profesor de danzas y a pesar de darse cuenta de que la supervivencia de sus genes dependía, en la sociedad en la que vivía, de sus capacidades de bailar.

Pero una cosa es la torpeza corporal y otra el gusto: la música tropical, a nuestro héroe, no le parecía toda igual, una cosa eran los merengues, divertidos, simples, chistosos inclusive, y otra cosa era la salsa ochentera, vulgar, torpe y, sobre todo, de baja calidad. Esa salsa era creada, principalmente, en Cali, “la capital de la salsa”, según su propia autopromoción.

La salsa caleña es un ritmo ligeramente extraído de lo que Andrés Caicedo vivió en su época, básicamente en la percusión, pero con un gran énfasis en las melodías basadas en sintetizadores y en las voces; una forma más económica de producción. El peso que la salsa niuyolquina tiene en sus percusiones elaboradas, densas, cargadas y en sus cobres que llenan el espectro sonoro, se pierde completamente. Es, algo así, como la versión taiwanesa de la salsa de NY (taiwanesa según los estándares de los ochenta, claro).

Nos adentramos en el problema de la salsa de Cali. Esa fama de “la capital de la salsa”, creada a partir de lo barato, hizo metástasis e invadió el espectro de la producción colombiana de música de baile durante, digamos, dos décadas. El ritmo colombiano, por antonomasia, era la salsa y no la cumbia (por ejemplo) y creían, además, que era una versión del Pacífico colombiano. Como que la inmensa comunidad negra de la costa pacífica fuera la culpable de ese adefesio. De la fama de la pornosalsa se desprenden las innumerables escuelas de baile de salsa que crecieron en Cali por esos años. No sé si has visto esos “campeonatos de salsa” que organizan en USA de vez en cuando. Las escuelas caleñas siempre se lo ganan. Es una salsa espectáculo, de acrobacia, en grupo, con coreografías gimnásticas.

Bien, llegamos al nudo de nuestro episodio de hoy: a raíz del éxito de la selección colombiana de fútbol en el pasado mundial de Brasil, por sus bailes en las celebraciones de los goles, en este país nos enteramos de un ritmo que estaba surgiendo en el Valle (el departamento cuya capital es Cali) y a lo largo del Pacífico. Es una verdadera apropiación de la salsa, con ritmos básicos, con una calidad de producción muy baja (tipo reguetón), pero propia de quienes la hacían: una verdadera salsa colombiana, negra: la salsa choke. Casi que no se puede ver como salsa, porque ni siquiera se baila igual. Así como el Caribe colombiano tiene un ritmo propio, de baja calidad, pero producido por ellos mismos, la champeta, así el Pacífico tiene su ritmo propio de exportación. Es un fenómeno como el de el funk carioca: ritmo de barriada, con djs o intérpretes de favela, música de ellos para ellos. Y nuestro héroe, que ha pasado por todo un proceso de reconversión y luego de muchos años entendió la importancia de la música de baile, tiene un gusto culposo por una canción de salsa choke específica: La Tusa, del grupo Integración Casanova. Una tusa es lo que te queda cuando te rompen el corazón, un desamor, despecho, pero en este caso, se usa como sinónimo de envidia.


El sábado por la mañana, es decir, tiempo de limpiar la casa y, como siempre, tengo la radio para acompañarme. El "A vivir que son dos días" (sí, aquí también está ese mismo programa) ha cambiado de director y ahora hay un tipo que ha vivido mucho tiempo en EUA. Todas las sintonías de sección son ahora versiones americanas muy buenas. Una de ellas es esta culposa. Me volví adicta a ella... a esta versión de la canción (que de hecho me costó reconocer). Es de poner en una fiesta, al final... anunciar la canción y que salté ESTO. Señoras y señores, la versión más glamourosa de la canción más grunge:

Las diferentes maneras de expresar las pérdidas y, sobre todo, de lidiar con las pérdidas varían de región en región, efectivamente. Hasta ahora, las voces son masculinaseso me recuerda siempre la crítica de Borges a Gardel y a sus herederos: el tango, que era algo 100% masculino se “ablandó” con Gardel, que buscaba conquistar a las muchachas. Bueno, vuelvo al tema: desde el colegio (masculino ¿recuerdas?) nos insistían en que las mujeres son más fuertes que los hombres. Una mujer puede lidiar mejor que un hombre con las pérdidas, están mejor preparadas para soportar el dolor para superarlo.

A nosotros nos criaron convencidos de que podemos imponer nuestra voluntad sobre cualquier cosa. Que alguien querido se muera, por ejemplo, es impensable, porque nuestro poder debe superarlo todo, inclusive la muerte. Y cuando sucede y no tiene reversa, te destroza. Así, encontré la que, creo, es la canción perfecta de la “tusa” masculina. Una producción musical maravillosa, alcanzas a escuchar tres capas vocales de Draco y mi frase favorita: “solo por ti viví”.

Pero lo que importa es lo que dice de fondo, al final: “voy a buscarte para que vuelvas a mi y así nos volvamos a enamorar”. No lo acepta. Los hombres no aceptamos las pérdidas. Draco dice, finalmente, que ella va a volver, y va a volver porque él quiere y que la voluntad masculina lo puede.

Si yo fuera una rica heredera de una familia judía del East Side, esto no sería objeto de nuestro comentario. Es más, sería una pasión cultivada y jaleada. Pero no, estamos en una ciudad bañada por el mediterráneo, en un barrio de menestrales que oyen rock catalán.

La cuestión, querido, es que de manera infortunada he de reconocer que me gustan los musicales. Tuve mi etapa Andrew Lloyd Weber, mi etapa George Gershwin hasta que descubrí mi preferido entre los preferidos: Stephen Sondheim (por favor, todos de pie). El tipo empezó haciendo las letras de West Side Story (vale, "María, María" no es un delirio de rima...) pero ha acabado construyendo los musicales más inteligentes de los últimos años.Es el tipo que renovó Broadway. Él hizo en los 70 en el teatro musical lo que Pirandello en el teatro de texto en los años 20: la primera obra sin argumento y con saltos temporales donde no había un chico que se enamoraba de una chica.

Company es esa obra. La adoro. Precisamente arranca en la fiesta de cumpleaños de un tipo soltero, y todas canciones explican partes de las realaciones de pareja. Es ese momento en que Bergman y Woody Allen están también dándole al tema. Sondheim te demuestra que el musical puede abordarlo también. En youtube se puede ver cómo se grabó el disco. Sale el propio Sondheim dirigiendo y Dean Jones en una actuación espectacular (el tipo solo grabó el disco y dio dos semanas de representaciones porque le afectó tanto el personaje que inició su divorcio). Aunque si me tengo que quedar con una canción, seguramente sería Merry me a little, que es la mejor descripción de la pareja que he oído. "Passionate as hell, always in control". Aquí una versión moderna, con Raúl Esparza.

Vuelvo a montar una absurda teoría sobre el género de la música popular con temas de pérdida: las hay masculinas y femeninas. Comencemos, por supuesto, el más común de todos: las pérdidas amorosas. Lo que me atrae, morbosamente, no es tanto la descripción de la pérdida, sino la reacción de quien pierde. Eso se debe, creo yo, principalmente al haber crecido con The Cure y su constante desamor: los brillantes ochentas. Pero es como una atracción insana por la desgracia.

Hay una canción de The Cure con la que quiero comenzar, no con desamor (Pictures of you es el mejor ejemplo: "There is nothing in the world that I ever wanted more, than to feel you deep in my heart"), sino con una pequeña rareza, que parece una canción dirigida a alguien que se está muriendo: Breath, The Cure. Es el lado B del sencillo de 1987 Why Can’t I be you? del triple beso.

Hola,

Sigamos pues con esos placeres. Esta en una canción que ponen en las fiestas de pueblo e incluso en las bodas para animar a la gente a salir a bailar... Seguramente se acerca al "sonido paisa". Durante el franquismo se toleraron algunos grupos o cantantes cercanos al pop y al twist en un intento de alejarse de los melenudos que cantaban en inglés. Este es uno de esos casos, pero algo se les "coló" a los censores: esta canción habla de que te tienes que tener una novia moderna, que cante en inglés (aunque la tipa que cante lo haga en castellano). Y la cantante va con un vestido ceñido y el pelo cardado... lo más de lo más en su época. (cardado=peinado de punta a raíz, tieso).

De hecho es una de las canciones preferidas de mi madre. Y si sale aquí es porque con esta canción, mi mamá me enseñó a "bailar moderno" (es decir, bailar sin pareja) cuando yo debía tener como unos 7 años. [Aparte: los que no tenemos hermanos aprendemos algunas cosas de manera un tanto extrañas...]. En el vídeo, una muestra de fiesta desenfrenada en la España de los 60 (un guateque). El tocadiscos (pick up) era fundamental en ellas. La canción creo que es del año 1965.



Hola, empecemos pues con la lista de placeres culposos. Como compruebas, los colombianos tenemos una alta resistencia al ridículo.

Siempre me ha gustado Roberto Carlos, el baladista brasileño. En el colegio, en misa, cantábamos la típica de “Amigo” o, peor aún, “Jesucristo, jesucristo, yo estoy aquí”. Luego de salir del colegio, masculino y católico, ingresé a la universidad, espacio abierto de librepensadores, el grunge hizo que Roberto Carlos se ocultara agazapado, en algún lugar del cerebro. De vez en cuando, saltaba con Mi cacharrito, a modo de “ya amaneció, por favor váyanse de mi casa” en las fiestas que armábamos entonces. Muchos años después, frente a una tienda de discos de São Paulo, Roberto Carlos dio un brinco a la consciencia: la tienda, pequeña, dedicaba el 25% de su espacio a Roberto Carlos cantando en portugués, otro 25% a Julio Iglesias cantando en portugués y el 50% al resto. Mi host de aquella ocasión me habría de confesar que su niñez estuvo trazada por Roberto Carlos y Julio Iglesias, casi como la mía. Era, tal vez, el único punto de contacto musical que la américa hispanoparlante tenía con la portuguesa, en la música popular. En todo lo demás, Brasil se me antojaba como un país de otro continente. Anselmo me mostró un par de canciones populares, muy exitosas, que resultaron ser covers de un merengue dominicano de los 90s y de una canción de Fito Páez. Él creía que eran brasileñas; nunca en su vida había oído un merengue. Pero el puente, popular, era Roberto Carlos/Julio Iglesias. Siempre odié a J.I. así que me quedé con R.C.

Para el día de hoy, queridos oyentes, les traigo: “El gato que está triste y azul”: